Una mirada sistémica al abuso de poder y la sanación de lo femenino y lo masculino.
En los últimos meses, diversas noticias han sacado a la luz casos de abuso hacia mujeres en espacios políticos, sociales y profesionales que defendían públicamente la igualdad y los derechos de las mujeres. Lugares que se presentaban como seguros, conscientes y comprometidos… y que, sin embargo, ocultaban dinámicas de poder profundamente dañinas.
Este contraste genera desconcierto, dolor y muchas preguntas:
- ¿Cómo puede ocurrir esto precisamente en espacios que se autodefinen como igualitarios?
- ¿Qué está fallando realmente?
- ¿Por qué el discurso no protege?
Desde la mirada sistémica, lo que estamos viviendo no es una contradicción aislada ni una suma de casos individuales. Es un síntoma colectivo que nos invita a mirar más profundo, más allá de los discursos correctos, los bandos y las ideologías.
Abuso de poder desde la sistémica: cuando el sistema habla a través del síntoma
En cualquier sistema —familia, institución, empresa, organización social o país— existe una ley fundamental:
Lo que no se mira, se manifiesta.
Cuando un sistema sostiene un discurso de igualdad que no va acompañado de una revisión real del poder, las jerarquías, los límites y la responsabilidad, se genera una incoherencia interna.
Y toda incoherencia sistémica termina expresándose de alguna forma: abuso, silencios forzados, sometimiento, exclusión o culpabilización de quien habla.
Desde la terapia sistémica, el abuso no aparece por casualidad.
Aparece cuando el poder no está reconocido, ordenado ni asumido con responsabilidad.
El abuso no es solo individual: es una dinámica sistémica
Cada persona es responsable de sus actos.
Esto es incuestionable.
Pero una mirada sistémica amplía el foco y observa el contexto que permite que esos actos se repitan y se sostengan en el tiempo.
El abuso suele aparecer cuando se combinan dos posiciones dentro del sistema:
- una posición de poder jerárquico,
- y una posición moral elevada (“yo defiendo”, “yo protejo”, “yo estoy del lado correcto”).
Cuando estas dos posiciones se unen, el sistema tiende a proteger su imagen antes que la verdad.
Se cuestiona más a la mujer que habla que a quien ocupa un lugar central de reconocimiento.
Esta dinámica no es nueva.
La vemos en familias, instituciones religiosas, empresas, organizaciones sociales… y hoy también en la política.
Mujeres, silencio y supervivencia sistémica
Muchas mujeres han guardado silencio durante años.
No por debilidad, sino por supervivencia dentro del sistema.
Algunas de las razones más frecuentes son:
- miedo a no ser creídas,
- lealtad al proyecto o a la causa,
- dependencia emocional o económica,
- ausencia de un espacio realmente seguro.
Desde una mirada terapéutica, el silencio no es pasividad.
Es una estrategia adaptativa cuando el sistema no protege.
Por eso es importante nombrarlo con claridad:
Las mujeres que hoy hablan no están destruyendo nada.
Están mostrando una verdad que ya existía.
Y sin verdad, no hay sanación posible.
Igualdad real: integrar la energía masculina
Hablar de igualdad no es rechazar la energía masculina.
Es integrarla de forma consciente, madura y responsable.
Cuando el poder, la autoridad, la fuerza o el deseo no se trabajan internamente, quedan relegados a la sombra.
Y lo que se reprime no desaparece: se distorsiona.
Por eso algunos discursos de igualdad, cuando no van acompañados de un trabajo profundo con la energía masculina, terminan reproduciendo dinámicas de dominio, abuso o manipulación emocional.
La sistémica no busca culpables.
Busca orden.
¿Por qué todo esto sale ahora?
Desde la mirada sistémica, este momento histórico tiene sentido.
Sale ahora porque:
- la conciencia colectiva está cambiando,
- muchas mujeres ya no quieren seguir sosteniendo lo insostenible,
- el “cuerpo social” ya no tolera la incoherencia entre lo que se dice y lo que se vive.
Esto no es un retroceso.
Es un movimiento de depuración y reordenación sistémica.
Propuesta terapéutica sistémica: salir del lugar de víctima
Sanar no es olvidar.
Sanar no es justificar.
Sanar no es minimizar.
Sanar es dejar de vivir definidas por lo que nos hicieron.
Muchas mujeres hemos aprendido a sobrevivir ocupando lugares que no nos corresponden:
- callar para no romper,
- aguantar para pertenecer,
- adaptarnos para no perder,
- desconectarnos del cuerpo para seguir funcionando.
Salir del lugar de víctima no es luchar contra el sistema.
Es ordenarnos internamente.
Volver al cuerpo
El cuerpo guarda una información que no miente.
Escuchar sus tensiones, cierres y límites es un acto terapéutico profundo.
Cuando una mujer habita su cuerpo, deja de ser territorio disponible.
Restaurar el lugar adulto
No somos responsables del abuso recibido,
pero sí de no seguir colocándonos en lugares que nos dañan.
Restaurar el lugar adulto implica:
- salir de la necesidad de aprobación,
- dejar de confundir amor con sacrificio,
- devolver al sistema lo que no nos corresponde cargar.
Recuperar el poder personal
Recuperar el poder no es dominar.
Es habitar la propia dignidad, poner límites y elegir.
El retiro de energía masculina: un paso más en este camino
Para que el femenino pueda descansar, el masculino necesita ordenarse.
Desde esta necesidad nace el retiro de energía masculina que se organiza desde Sersistémica.
No como confrontación, sino como reconciliación interna y sistémica.
Un espacio terapéutico para:
- comprender cómo se ha transmitido la energía masculina en nuestros sistemas familiares,
- soltar lealtades invisibles al dolor,
- integrar un masculino interno que proteja, sostenga y ponga límites sanos,
- abrir la posibilidad de relaciones más equilibradas y seguras.
Cuando el masculino se ordena, el femenino deja de defenderse.
Y cuando ambos se encuentran desde la conciencia, el sistema cambia.
Este es un camino profundo, honesto y necesario.
Y empieza, como todo trabajo sistémico verdadero, dentro.
Un acompañamiento terapéutico para ordenar lo que duele
Cuando estos temas nos tocan, no basta con entenderlos a nivel mental.
El cuerpo, las emociones y la historia personal también necesitan un espacio donde ser escuchados y ordenados.
La terapia sistémica ofrece un marco profundo y respetuoso para comprender cómo las dinámicas de poder, silencio, abuso o desequilibrio entre lo femenino y lo masculino se han inscrito en nuestra historia personal y familiar, y cómo podemos empezar a liberarnos de ellas sin repetirlas.
A través del trabajo terapéutico es posible:
- comprender cómo se configuró nuestra relación con la energía femenina y masculina,
- identificar lealtades invisibles que nos mantienen en lugares de aguante o desconexión,
- restaurar límites internos y externos,
- recuperar el poder personal sin entrar en lucha.
Si sientes que este artículo ha resonado contigo, quizá sea el momento de dar un paso más y explorar un proceso de acompañamiento consciente.
Puedes empezar profundizando en la comprensión de estas energías aquí:
👉 https://sersistemica.es/comprender-la-energia-femenina-y-masculina/
O bien iniciar un proceso de terapia sistémica individual, donde trabajar tu caso de forma personalizada y segura:
👉 https://sersistemica.es/producto/terapia-sistemica-individual/
También existe la posibilidad de participar en una constelación familiar, individual o grupal, para mirar estas dinámicas desde una perspectiva más amplia y sanadora:
👉 https://sersistemica.es/producto/constelacion-familiar-individual-o-grupal/
Sanar no es acelerar.
Es permitir que lo que estaba desordenado encuentre, poco a poco, su lugar.
Y ese camino no tienes que recorrerlo sola.
Enciende ya tu chispa
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Si no acabas de estar segur@ puedes agendar una primera cita gratuita para conocernos, escucharte y ver qué es lo que necesitarías.
¡Hasta la próxima!

























