niños sin colegio

Niños sin colegio: cómo afrontar el estrés, la sobrecarga mental y el agotamiento familiar

Cuando los niños están en casa todo el verano, no siempre son ellos el problema. A veces es todo lo que llevas sosteniendo.

Hay una frase que muchas madres y padres piensan en silencio cuando se acerca septiembre:

“Tengo ganas de que empiece el cole.”

Y casi inmediatamente después aparece otra:

“¿Cómo puedo sentirme así si quiero tanto a mis hijos?”

Puedes querer que empiece el colegio y querer muchísimo a tus hijos.

Puedes disfrutar del verano y necesitar que vuelva la rutina.

Puedes estar agradecida por el tiempo compartido y, al mismo tiempo, sentir que necesitas cinco minutos sola.

No hay ninguna contradicción.

Cuando los niños dejan el colegio, no desaparecen las responsabilidades familiares. Simplemente cambia la forma en que se organizan.

Durante muchas semanas pueden desaparecer los horarios habituales, las clases, las extraescolares y parte de la estructura del día. Mientras tanto, muchas madres y padres siguen trabajando, gestionando la casa, organizando comidas, pensando qué hacer con los niños y tratando de encontrar algún momento para descansar.

Y entonces aparece algo que no siempre se ve desde fuera:

la sobrecarga mental.

No es solamente hacer cosas.

Es pensar en las cosas.

Recordarlas.

Anticiparlas.

Organizarlas.

Resolverlas.

Y estar pendiente de todo lo que todavía falta.

Cuando los niños están de vacaciones, tu cabeza puede no estarlo

Quizá durante el verano te has encontrado diciendo constantemente:

“¿Qué hacemos hoy?”

“¿Qué comen?”

“¿A qué hora salimos?”

“¿Dónde están las cosas?”

“¿Has recogido?”

“Necesito terminar esto de trabajar.”

“¿Quién puede quedarse con ellos?”

“¿Qué hacemos mañana?”

Son pequeñas decisiones.

Pero las pequeñas decisiones, cuando se acumulan durante días y semanas, también cansan.

Y además está todo lo que nadie ve.

La planificación.

La anticipación.

La responsabilidad de recordar.

La sensación de que si tú no estás pendiente, algunas cosas simplemente no sucederán.

Por eso, cuando los niños llevan semanas sin colegio, es posible que no estés solamente cansada físicamente.

Puedes estar saturada.

 

¿Te reconoces en alguna de estas situaciones?

Y quizá esta última sea la más importante.

Porque muchas veces miramos solamente el momento en el que explotamos.

El vaso que se cae.

Las zapatillas en medio del salón.

La respuesta de nuestro hijo.

La pregunta de nuestra pareja.

El ruido.

La interrupción.

Y pensamos:

“He reaccionado así por esto.”

Pero quizá no.

Quizá llevabas días —o semanas— acumulando cansancio, responsabilidades, ruido, prisas, decisiones y necesidades ajenas.

Y ese último acontecimiento simplemente fue la gota que hizo rebosar el vaso.

No siempre explotamos por lo último que ocurre.
A veces explotamos porque llevamos demasiado tiempo sosteniendo.

Cuando aparece la culpa después de explotar

Y entonces llega la segunda parte.

La culpa.

“¿Por qué le he hablado así?”

“No quería gritar.”

“Debería tener más paciencia.”

“Soy una mala madre.”

“Estoy todo el día enfadada.”

Pero quizá no necesitas utilizar esa culpa para exigirte todavía más.

Quizá necesitas preguntarte algo diferente:

¿Cómo estoy yo?

Porque es difícil responder con calma cuando llevas mucho tiempo funcionando desde la saturación.

Es difícil estar presente cuando tu cabeza continúa repasando pendientes.

Es difícil escuchar cuando necesitas silencio.

Es difícil tener paciencia cuando sientes que todo el mundo necesita algo de ti.

Y es difícil descansar cuando, incluso sentada en el sofá, una parte de ti continúa pensando en lo que queda por hacer.

La sobrecarga también se siente en el cuerpo

A veces sabemos perfectamente lo que nos está pasando.

Sabemos que estamos cansadas.

Sabemos que necesitamos parar.

Sabemos que estamos más irritables.

Incluso sabemos que no queremos reaccionar de esa manera.

Y, aun así, nos cuesta hacerlo diferente.

Porque no todo ocurre en la cabeza.

También lo vivimos en el cuerpo.

Puede aparecer como tensión en los hombros, mandíbula apretada, respiración más superficial, inquietud, cansancio, dificultad para descansar o esa sensación de estar siempre preparada para responder a algo.

Y quizá por eso decirte simplemente:

“Relájate.”

no sirve de demasiado.

Tampoco sirve siempre decir:

“Ten más paciencia.”

“Organízate mejor.”

“Intenta no enfadarte.”

“Piensa antes de reaccionar.”

No porque estas ideas sean malas.

Sino porque, cuando llevas demasiado tiempo sosteniendo demasiado, quizá no necesitas otra exigencia.

Quizá necesitas experimentar qué ocurre cuando tu cuerpo tiene permiso para bajar el ritmo.

Potser no necessites esforçar-te més per tindre paciència

Quizá no necesitas esforzarte más para tener paciencia.

Quizá tu cuerpo necesita dejar de vivir en alerta.

Cuando llevamos demasiado tiempo sosteniendo responsabilidades, exigencias, ruido, prisas y necesidades ajenas, nuestro margen puede hacerse cada vez más pequeño.

Y entonces no explotamos porque se haya caído un vaso.

Explotamos porque ese vaso cae sobre un sistema que ya estaba lleno.

Por eso, en lugar de preguntarte solamente:

“¿Cómo puedo controlar mejor mi reacción?”

también puedes empezar a preguntarte:

“¿Qué necesita mi cuerpo para sentirse un poco más seguro y menos al límite?”

No se trata de convertirte en una madre que nunca explota

Aquí es donde el trabajo corporal puede tener sentido.

Y también donde es importante aclarar algo:

El yoga somático no es una fórmula para conseguir que nunca vuelvas a gritar a tus hijos.

No se trata de convertirte en una madre perfecta.

No se trata de eliminar el enfado.

No se trata de aprender a aguantar más.

Y tampoco de añadir otra obligación a tu agenda.

Se trata de crear experiencias diferentes para tu cuerpo.

Momentos en los que no tengas que resolver nada.

No tengas que cuidar de nadie.

No tengas que anticiparte a ninguna necesidad.

No tengas que producir.

Solo estar.

Sentir.

Respirar.

Moverte.

Escuchar.

Y poco a poco recuperar espacio interno.

¿Y si este septiembre, en lugar de exigirte volver a llegar a todo, empezaras por volver a ti?

La vuelta al colegio suele traer consigo una nueva avalancha de horarios, mochilas, deberes, extraescolares, comidas, trabajo, compras y prisas.

Y es fácil pensar:

“Ahora tengo que volver a organizarme.”

Pero quizá puedas empezar con una pregunta diferente:

¿Cómo quiero volver yo?

No como madre.

No como pareja.

No como trabajadora.

No como la persona que se ocupa de todo.

Tú.

¿Qué necesitas recuperar?

¿Silencio?

¿Descanso?

¿Espacio?

¿Energía?

¿Presencia?

¿Un rato sin que nadie te necesite?

Quizá no necesitas una gran transformación.

Quizá necesitas empezar a volver a ti poco a poco.

11 Movimientos hacia la Vida: 11 días para empezar a sentirte diferente

Desde Ser Sistémica nace 11 Movimientos hacia la Vida, un recorrido de Yoga Somático Sistémico de 11 días.

La propuesta parte de una idea sencilla:

tu cuerpo puede aprender nuevas experiencias.

Si durante mucho tiempo ha vivido respondiendo a exigencias, tensión, miedo, prisas o sensación de tener que estar pendiente de todo, puedes empezar a ofrecerle experiencias diferentes.

Experiencias de pausa.

De presencia.

De seguridad.

De movimiento consciente.

De escucha.

El recorrido está compuesto por 11 prácticas corporales y sistémicas que acompañan progresivamente al cuerpo a salir del estado de supervivencia y recuperar una mayor sensación de calma, seguridad y confianza.

Y no necesitas hacerlo perfecto.

No necesitas entenderlo todo.

No necesitas convertirlo en otra cosa que “tienes que cumplir”.

Solo darte la oportunidad de experimentar qué ocurre cuando tu cuerpo deja de sentirse en peligro.

En estos 11 días puedes empezar a trabajar para:

BAJAR
progresivamente el estado de alerta.

DESCARGAR
tensión que se ha ido acumulando.

RECUPERAR
espacio interno.

ESCUCHAR
las necesidades de tu cuerpo.

SENTIR
más calma y presencia.

RESPONDER
desde un lugar diferente cuando aparece la saturación.

No se trata de que nunca vuelvas a tener un mal día.

No se trata de que tus hijos dejen de necesitarte.

No se trata de que septiembre sea perfecto.

Se trata de que tú también tengas un lugar al que volver.

Puedes empezar antes de que empiece el colegio

Y quizá este sea un buen momento.

Porque no necesitas esperar a que llegue septiembre para empezar a escucharte.

Puedes empezar ahora.

Con los niños todavía en casa.

Con el verano todavía en marcha.

Incluso aunque solo tengas unos minutos.

Y cuando llegue septiembre, en lugar de entrar directamente en la rueda de horarios, obligaciones y prisas, quizá puedas hacerlo llevando contigo algo diferente:

un poco más de espacio para ti.

Te regalo las 2 primeras sesiones

Puedes probar gratuitamente las dos primeras prácticas de más de 1 hora de 11 Movimientos hacia la Vida y experimentar por ti misma cómo se siente un cuerpo cuando empieza a salir poco a poco del estado de alerta.

No tienes que decidir nada antes.

No tienes que saber si esto “es para ti”.

Pruébalo. Siente. Y observa qué ocurre.

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Y recuerda algo este septiembre

No necesitas convertirte en una madre que nunca se desborda.

No necesitas llegar a todo.

No necesitas tener paciencia infinita.

No necesitas hacerlo perfecto.

Quizá necesitas algo mucho más sencillo:

un lugar donde puedas parar.

Un lugar donde nadie te pida nada.

Un lugar donde puedas escuchar qué está pasando dentro de ti.

Un lugar donde tu cuerpo pueda experimentar que no tiene que estar alerta todo el tiempo.

Porque cuando los niños están sin colegio, puede parecer que el problema es el caos.

Y cuando vuelve el colegio, puede parecer que el problema son las prisas.

Pero quizá la pregunta más importante sea otra:

¿Cómo estás tú dentro de todo eso?

Porque quizá no son los hijos.

Es todo lo que llevas sosteniendo.

Y quizá este septiembre no tengas que empezar de nuevo.

Quizá puedas empezar por volver a ti. 💛

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Preguntas frecuentes

¿Es normal sentirse agotada cuando los niños están de vacaciones?

Sí. Cuando los niños están en casa durante muchas semanas pueden cambiar las rutinas familiares y aumentar las necesidades de organización, cuidado y conciliación. Si además continúas trabajando, la sensación de no tener ningún espacio propio puede aumentar.

Sentirte agotada no significa que no quieras estar con tus hijos.

¿Por qué quiero que empiece el colegio si quiero a mis hijos?

Porque querer a tus hijos y necesitar recuperar estructura, descanso, silencio o tiempo personal son necesidades compatibles.

Desear que vuelva el colegio no te convierte en una mala madre o un mal padre.

¿Por qué estoy más irritable con mis hijos durante las vacaciones?

La irritabilidad puede aparecer cuando se acumulan cansancio, falta de descanso, ruido, responsabilidades, interrupciones y estrés. Una situación pequeña puede convertirse en la última gota cuando ya existe una sensación de saturación.

¿Qué es la sobrecarga mental de las madres?

La sobrecarga mental no consiste únicamente en hacer muchas tareas. También implica pensar constantemente en ellas: recordar, anticipar, organizar, planificar y estar pendiente de las necesidades de otras personas.

Por eso puede existir incluso cuando aparentemente “no estás haciendo nada”.

¿Qué puedo hacer si estoy agotada y no consigo desconectar?

Puedes empezar por crear pequeños espacios sin exigencias: caminar, respirar, moverte conscientemente, reducir estímulos o dedicar unos minutos a notar cómo está tu cuerpo.

No necesitas esperar a tener una hora libre para empezar a cuidarte.

¿Qué es el yoga somático?

El yoga somático utiliza el movimiento consciente y la atención a las sensaciones corporales para favorecer una mayor conexión con el propio cuerpo.

En Yoga Somático Sistémico, este trabajo corporal se combina con una mirada sistémica para explorar la relación entre cuerpo, experiencia y patrones que pueden influir en nuestra forma de vivir determinadas situaciones.

¿El yoga somático puede hacer que deje de gritar a mis hijos?

No sería adecuado plantearlo como una promesa.

El objetivo no es eliminar el enfado ni conseguir que nunca reacciones de una determinada manera.

El trabajo corporal puede ofrecerte un espacio para reconocer mejor lo que ocurre en ti, descargar tensión y experimentar estados diferentes de presencia y calma.

No se trata de aguantar más. Se trata de tener más espacio interno para responder.

¿Tengo que esperar a septiembre para empezar?

No.

Puedes empezar ahora mismo con las dos primeras sesiones gratuitas de 11 Movimientos hacia la Vida y descubrir cómo responde tu cuerpo a estas prácticas.

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¿Cuánto dura el programa 11 Movimientos hacia la Vida?

El recorrido está planteado en 11 días y 11 prácticas corporales y sistémicas, para que puedas realizarlo progresivamente y experimentar el proceso paso a paso.

No necesitas hacerlo perfecto.

Solo empezar.


 

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Sonia Esteve Roig

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